sábado 11 de septiembre de 2004, posted by werte at 5:52 PM
De lo que decíamos en el post anterior sobre los romanos se sigue que no hacían diferencia entre aborto y anticoncepción. Para éstos un hombre (un ser humano) no es, se hace. [Esta sola proposición nos da una medida de la importancia de la pedagogía entre los fulanos. El peso de lo que foucault llamó, pomposamente, tecnologías del yo. La pedagogía era el centro de atracción de las filosofías en pugna.] Es así que, cuenta Veyne, los romanos tenían un sólo nombre para prácticas que nosotros llamaríamos aborto o anticoncepción según el caso. En Roma carecía de valor el momento biológico en que la madre se desembarazaría de un futuro nacido que no deseaba llegar a tener. Por supuesto, no hay demasiados datos sobre las "maquinarias" usadas para el caso, por ser esas prácticas tan comunes y difundidas (en todas las clases sociales) que nadie se ocupa de eternizar en recetarios o monumentos. Esas prácticas quedaban a cargo de la mujer, no hay alusiones, dice Veyne, al coitus interruptus. Se conoce el uso del "lavado" poscoital, hay alusiones a drogas espermaticidas, y a equivalentes al diafragma actual. Por lo que se refiere al ciclo menstrual, el médico Soranos sostenía que las mujeres concebían antes o inmediatamente después de la regla. Para terminar, quiero decir que Tertuliano, moralista cristiano, sostenía que el esperma es ya un ser vivo: las mujeres no sólo son un receptáculo, sino que además, si tienen el gusto o la obligación de llevarse a la boca la verga del fulano, las podemos considerar antropófagas. Así que ya saben...




He leído recientemente "Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros", de Michel Onfray. La virtud del libro es la reunión de información sobre los cínicos, desperdigada sobre todo en textos alusivos de sus contemporáneos, ya que los cínicos odiaban la escritura tanto como a cualquier otro monumento. Hay quien ha dicho que la identificación de esos filósofos con los canes proviene de cuando uno de estos animales se comió los alimentos dejados en ofrenda a una diosa, y luego se meó sobre la estatua. Por otro lado, la filosofía de los cínicos no tenía nada que ver con un ajuste al orden de las propsiciones, sino con lo que me siento tentado a llamar "la ocasión de las intervenciones", un equivalente del happening surrealista, aunque para el cínico el escándalo no vale por sí mismo, no se encuentra ensamblado en una economía narcicista-autoritaria (nadie tuvo tanto apego a la Ley como el señor Breton, ni hablar de Dalí y su sexualidad vaticana y crucificada, y es inimaginable un cínico a las órdenes de un Secretario General), sino que, al contrario, el escándalo se encuentra articulado a una funcionalidad pedagógica que trabaja con la burla y el ridículo al interior de las convenciones cognitivas y de las normas de sociabilidad. Es la brecha abierta en la mirada social por una situación. El arte del cínico es la producción de esas situaciones al interior de la normalidad, un microacontecimiento. Por eso la filosofía de los cínicos no es una dialéctica sino un anecdotario, una colección dispersa y asistemática de "enseñanzas" en forma de teatralizaciones disruptivas al interior del flujo social. El primer escándalo de esta filosofía era la forma de vida de sus cultores, un desapego alegre y zumbón de los bienes de este y el otro mundo. Diógenes vivía en un tonel y no tenía más bienes que los que podía cargar consigo. Crates e Hiparquía hacían el amor sin importarles si estaban o no solos. ¿Cómo refuta un cínico a un filósofo? Es sabido que Platon "demostraba" luego de trabajosas deducciones que "el hombre es un bípedo implume", por lo cual Diógenes de Sínope se acercó un día a la Academia para largar entre los asistentes una gallina desplumada y dijo "he ahí el filósofo Platón". ¿Otra del cínico? Cuando el poderoso, temido y Gran Alejandro se acercó a la piedra en la que reposaba tendido el filósofo y le preguntó, luego de manifestarle su admiración, con esa condescendencia que los poderosos se conceden para su grandeza con los inferiores notables, en qué podía satisfacerlo, nuestro antihéroe le requirió que sólo se corriera, que le estaba haciendo sombra. ¡Estaba tomando el sol!
¿Qué pueden tener en común nuestros "cínicos" actuales con los antiguos, salvo un nombre hurtado de mala manera? El "cinismo" actual no es más que una brecha subjetiva sostenida al costado del mundo sin intervenir sobre su superficie. Según Zizek, al contrario, este "cinismo", esta distancia subjetiva respecto a un mundo que se señala como injusto o absurdo o ridículo, es un elemento imprescindible de su reproducción, como lo eran en el ámbito del este burocrático los chistes furiosamente anticomunistas que circulaban en ambitos privados, incluso por parte de los miembros de la nomenklatura. Elios Prieto (ministro cubano de cultura) reafirma esto en un libro suyo, donde expresa la sorpresa que le produjo este humor corrosivo en su primer viaje a los países comunistas de Europa, por parte de sus altos dignatarios, el abismo entre la palabra pública y la privada. El cinismo antiguo era una forma de vida, y su distancia, su pedagogía virulenta, se ejercía sobre la superficie, en el mercado, en los baños, en la plaza... Un agujero negro circulando "a la vista de todo el mundo".

He sido muy feliz esta semana escuchando Waiting for the moon.
 
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