lunes 7 de diciembre de 2009, posted by werte at 11:30 PM
-¿Cuál era su misión, Ibañez?
-Mi tarea era, cada vez que partía un vuelo, pasar por el campo, llenar con agua del bebedero los cilindros que se usaban para traer la ración de alimentos y cargarlos en el jeep junto con una botella de detergente y un cepillo. Volver a la pista y esperar a que los pilotos, después del aterrizaje que los traía de vuelta, acomodaran el avión en un sector medio escondido de la pista antes de irse a dormir. Yo tenía que arrimar el vehículo y con un trapo mojado en el agua con detergente de los tachos, ponerme a lavar todo el avión para que no quedara ninguna señal de nada.

-¿Qué señales no debían quedar?
-No sé qué efecto les produciría la droga que les inyectaban a los prisioneros. Yo creo que los reventaba. Se ve que durante el vuelo, por efecto de esa inyección que para mí ya los dejaba medio muertos, los pobrecitos condenados se hacían encima. En el interior del avión te encontrabas con sangre, vómitos, orina y materia fecal por todas partes. Yo tenía que limpiar esos restos tanto por dentro como por fuera. Y ahí venía lo peor.

-¿Qué era lo peor?
-La panza del avión era lo que más me costaba lavar. Después de cada vuelo traía una mezcla de cuero cabelludo, sangre y vísceras pegadas al fuselaje. Se ve que al arrojar los cuerpos -pienso que por efecto del viento y ese vacío que hacen los motores para poder volar-, los cuerpos chicotearían contra la panza salpicándola con sangre y otras partes humanas. No lo sé, pero me acuerdo que era durísimo sacar la sangre pegada en el fuselaje. Es que se endurece tanto la sangre cuando se seca...

-¿Los aviones siempre regresaban en esas condiciones?
-Los Twin-otter peor. Esos aparatos tienen un fierro en la panza para evitar que la cola toque el suelo cuando despegan. Se ve que algunos de los cuerpos arrojados al vacío golpearían contra ese fierro que llegaba enchastrado con todo lo que te puedas imaginar. Eso tenía que hacer.

-En el testimonio de un arrepentido se menciona a cierto cuchillero que integraba el grupo de los vuelos. Dijo que se abrían los cuerpos...
-(Interrumpe) No me gusta hablar de esto. No lo hubiera hecho antes de relacionar ciertas cosas que me tocó vivir. Pero ese Napoleón tiró unos datos, dijo que se practicaban incisiones con cuchillos en los cuerpos de los prisioneros cuando ya estaban cargados en los aviones. Que les hacían un corte en la mano y otro en el estómago para producir una hemorragia. Eso es lo que contó él. Entonces yo me acordé de la noche en la que vi bajar del avión a uno de los nuestros con un cuchillo sostenido con los dientes, con toda la boca roja, la hoja toda ensangrentada. Pensé que estaba lastimado, después me dí cuenta de que no.

-Hablemos de ese hombre.
-Pertenecía al grupo de los eliminadores. Ese día estaba completamente borracho. Los de ese grupo siempre traían mucho whisky, supongo que tomaban para tener más coraje. Se trataba de un suboficial que hablaba medio en guaraní y medio en castellano. No sé si inculto es lo mismo que ignorante, por las dudas, te digo que era inculto e ignorante. Del cuerpo de Caballería, correntino o misionero, nunca lo supe. Lo ví en dos o tres vuelos más.

-¿Habló con él? ¿Qué le contó?
-Me contó que abrían el estómago de los prisioneros con un cuchillo de monte para evitar que los cadáveres flotaran en el mar. Que de esa manera se hundían más rápido y que, creo que por el olor de la sangre, atraían a los tiburones. Según parece, como se habían encontrado algunos cadáveres en la playas de la costa Atlántica y en otras del Uruguay, los vuelos fueron enviados mucho más al sur y se buscó la manera de evitar que los cuerpos fueran arrastrados hasta las costas por la corriente... No quiero hablar más sobre esto, te pido un poco de tiempo.

-Sólo una más. Por lo que usted dice, el estado en que recibía los aviones confirmaría que los cuerpos eran mutilados antes de ser arrojados al mar.
-Así era. Los del grupo de eliminación rotaban permanentemente. Parece que todos tenían, en algún momento, que hacer el trabajo sucio. Todos debían estar con las manos igualmente manchadas de sangre. Se trataba de un pelotón de tres o cuatro hombres encargados de abrir los cuerpos de los detenidos durante el viaje hasta el punto elegido para arrojarlos al mar. El del cuchillo era el más constante, se ve que instruía a los demás.

Ibañez pide una nueva pausa. La voz se le quiebra cuando dice: "Me imagino lo que estarás pensando de mí, que soy una especie de monstruo". Como quien no quiere la cosa gira un poco la cabeza y levanta el brazo izquierdo justo a tiempo para atajar con el pulgar y el índice un par de lágrimas que se le escapan de los ojos. "Ahora el Ejército dice que soy un psicópata y me da de baja. ¿Podría yo ser un psicópata?"

-¿Alguien lo ayudaba a limpiar los aviones?
-Nadie. Me dejaban solo durante las tres o cuatro horas que tardaba en hacerlo. Terrorífico. Cada vuelo que volvía traía sangre, excrementos y otras partes de los que se fueron. Yo pensaba y pensaba mientras que con un trapo y sin guantes fregaba el fuselaje. Para ablandar la sangre sacaba nafta abriendo una válvula que estaba en la panza del avión. La nafta de avión es muy buena para aflojar la sangre. Cada tanto escurría el trapo con toda esa suciedad en el agua con detergente que tenía en los tachos, que se iban llenando de sangre. Esa noche, en los mismos tachos, llevé desde la cocina hasta el campo la comida de los prisioneros, la que también comíamos nosotros.

(Campo santo - Los asesinatos del ejército en Campo de Mayo; Fernando Almirón. Descargar).

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  • , posted by werte at 12:10 AM
    PLAY Gorod Detstva

    zasw. Soy tan alto como una escopeta e igualmente ruidoso. (Truman Capote).

    xswe. Algunas de las páginas de Truman Capote La biografía, de Gerald Clarke, marcadas por mí.

    Página 116. Fragmentos de cartas amorosas. Lo que me llamó la atención, supongo o espero, no es tanto que se trate de cartas amorosas entre varones, sino el que pese a tratarse de gente grande se desgranan en el amor como quinceañeros. El patetismo tal vez sea parte inseparable del enamoramiento, pero con la edad, con la experiencia de que se trata de una curva que se atraviesa pronto, la gente suele volverse precavida y se guarda para sí esos fervores pasajeros; y lo que queda después, si queda algo, suele ser bastante mejor. Siguiendo con las excepciones, el único que no pierde la compostura es el joven Truman.

    Newton a Truman: "[...] Alguien famoso dijo una vez que no hay verdadera belleza si no tiene un rasgo extraño. También tú lo sabes, querido Truman, y nadie puede arrebatarte ese conocimiento. Se ahondará, se enriquecerá y se ampliará cada día de tu vida y no tiene por qué haber un límite a lo que tú puedes expresar por todos nosotros sobre lo que es humano y aterrador y amoroso e intensamente feliz. ¡Son tantas cosas! Lo tienes todo ante ti, y tú no vas a cometer el error de no abordar el tren que ha de llevarte a tu destino". En principio Howard le está elogiando unos cuentos y a él por extensión, pero se diría que ese elogio literario está tomado o poseído o retorcido por el florecimiento amoroso en una especie de discurso oblicuo.

    Newton a Howard: "En cuanto a T.C. apenas si puedo hablar del tema en esta carta. La cabeza sigue dándome vueltas, con un tipo de vértigo distinto del que me quejaba contigo, y estoy demasiado conmovido para hablar de ello con facilidad. Lo importante, de momento, es que esto no sea otra agobiante fuente de ansiedad y de confusión para ti".

    En marzo de 1945 Truman Capote, buscando un poco de tranquilidad para escribir (estaba trabajando en Otras voces, otros ámbitos), fue a pasar un tiempo a una colonia de artistas y escritores cerca de Saratoga Springs, a cuatro horas de tren desde Manhattan. Allí conoció a Howard Doughty, con quien tuvo un corto romance sexual, hasta la llegada de Newton Arvin, quien ocuparía su lugar —que tampoco sería el mismo. Howard y Newton, colegas, profesores universitarios, a su vez tenían y siguieron teniendo una relación amorosa. El lirismo engolado empieza a soltarse en la carta en que Howard bendice los sentimientos de su amigo: "Nunca en mi vida conocí a nadie, hombre, mujer o criatura con tal delicadeza y pureza de sentimientos como es el habitus innato en la mente de T. C., ni puedo pensar en nadie más en toda la capa de la Tierra, salvo tú, querido, más capaz de corresponder a esos sentimientos como merecen ser correspondidos, ni que tenga un mayor acopio de experiencia y sabiduría para enriquecerlos y profundizarlos". Newton a Howard: "Me disgusta tan profundamente proporcionarte un solo momento de dolor que he corrido ante el imaginario peligro como si eso pudiera evitarlo. Ahora que intuyo y "sé" lo imaginario que es, nada queda (absolutamente nada, creo yo) que desdibuje o ensombrezca la increíble perfección de esta experiencia. No puedo evitar que me produzca sentimientos encontrados: a veces siento que debo decirle a todo el mundo que pasa a mi lado cuán sobrenaturalmente feliz me siento..." etcétera. La impiedad del biógrafo no nos ahorra la inanidad que sigue escalando cumbres en cartas sucesivas.

    Señalo algo de la bendición o carta blanca de Howard al amigo. No sé si en el solo juego de recortes, pero en el tren de la lectura la misiva deja un sabor amargo, la sospecha de una disposición algo forzada, o resignada, aunque no falsa o malintencionada (los ideales no son falsos). Tal vez se deba a la línea donde habla de la capacidad para corresponder los sentimientos del joven tal como lo merecen. Se refiere, está claro, a los atributos de Newton, pero es posible o imaginable que también, negativamente, se trate de una alusión silenciosa a la propia situación, su menor disponibilidad debida al hecho de estar casado, de tener que cumplir con una vida matrimonial. Por último, lo que verdaderamente me llama la atención del intercambio: las supuestas cualidades de Truman parecen existir por debajo de él, fuera de su dominio o en otro lugar. Se refieren a él a través de esa materia hundida. Es raro. Tal vez se deba a que son profesores. Vemos como se mezcla en ellos la literatura, el intelecto, con el amor y el erotismo. Lectores muy finos y experimentados los dos, ven en el joven al buen escritor, pero también lo que puede ser, una tierra para moldear. En cartas a terceros la percepción de Truman aparece más clara y más justa, desprejuiciada y limpia de lastres.

    Página 169. No recuerdo bien por qué señalé esta página (leí el libro este verano). Quizás para buscar más tarde en la web la foto del caso. Se trata de la publicación de Otras voces, otros ámbitos. Resulta que la foto de Truman que traía en contratapa, tomada por Harold Halma, produjo bastante escándalo. Esa imagen circuló también en muchas notas de prensa alusivas a la novela, y se mostraba en ampliaciones en las librerías con la publicidad del libro. Tocó alguna clase de fibra, al menos entre los simplones, porque mucha gente, cuenta Clarke, se sintió ofendida, incluso ultrajada por la fotografía. Hay que hacer un esfuerzo para tratar de imaginar lo que verían en ella.

    El biógrafo habla de una pose insinuante, ambigua, de niño inocente y perverso, pero el fondo del asunto tal vez sea más trivial. Es sospechoso que de pronto el público atribuya a una imagen un significado muy similar a alguna de las ideas que dejaba el trato personal con el escritor. Los que lo conocían hablaban de una desenvoltura infantil, de una indiferencia infantil respecto de las reglas del roce social, que es la razón de la fascinación que ejercía de manera muy conciente. Sabía crear un espacio de complicidad con sus interlocutores. Y es precisamente con insinuaciones, con una retórica maestra en el manejo de la ambigüedad, que se empieza a bordear esas reglas. Por lo que imagino que la imagen llegó muy mediada por los comentarios. Que los primeros escandalizados fueron las personas que lo conocían, que se movían en los mismos círculos sociales que el escritor, y que pudieron ver a ese Truman en la foto de Halman, tan heterodoxa para la situación y la época. En cierto modo, como un anticipo de futuras traiciones, tal vez era esa intimidad común, supuestamente privada, la que aparecía perfilada públicamente.

    Página 347. Película para ver. The Innocents, de Jack Clayton, con Deborah Kerr y Michael Redgrave. Todavía no lo he hecho. Una adaptación de Otra vuelta de tuerca. Según Clarke, Truman descansó ocho semanas de A sangre fría para escribir el guión. Dice de él el autor: "Sólo cometí un error. Al final, cuando la institutriz ve el fantasma de Miss Jessel sentada en su despacho, hice que cayese una lágrima sobre la mesa. Hasta entonces no estaba claro si el fantasma era real o sólo estaba en la mente de la institutriz. Pero la lágrima era real, y eso lo estropeó todo".

    Página 394. Después de la salida y gran éxito de A sangre fría el muchachito de Nueva Orleans, ahora famoso, quiso obsequiar a "la sociedad" con una fiesta a la altura de sí mismo, la que acababa de conquistar. Fue el lunes 28 de noviembre de 1966, con el salón del Hotel Plaza atiborrado de la crema de las celebridades norteamericanas. El tipo de fiesta en el que todo el mundo que importa quiere estar. De las que los millonarios del ambiente y toda clase de personajes esperan la invitación, que ha de llegar o no, comiéndose las uñas. De las que se montan complejas operaciones para conseguir ser incluido, y que deja futuros enemigos desahuciados. De las que vienen con instrucciones, como las relativas a la etiqueta, ellas además con cierta clase de joyas, o, como en este caso, máscaras, porque sólo se permitirá descubrir el rostro a cierta hora de la madrugada, etcétera.

    Fue una noche memorable de la que Truman tuvo pocas quejas. Una media queja, en realidad, fue la de Gloria Guiness, que cometió el error de adornarse el cuello con dos pesados collares —de diamantes uno, de rubíes el otro— en lugar de uno, que la dejaron agotada. La otra provino de una conocida actriz, sin más precisiones, que al final se llevó a casa a un joven para pasar el resto de la noche, y del que supuso se trataba de un invitado. Pero al levantarse a la mañana, con la charla lagañosa, descubrió desilusionada que era un detective. No recuerdo si uno de los agentes de etiqueta que el anfitrión puso para vigilar el robo de joyas o alguno de los agentes del Servicio Secreto que habían ido a velar por la seguridad de Lynda Bird Johnson. ¿Y bien?, inquirió Truman. ¿Qué tiene eso de malo? Lo pasaste bien con él, ¿no? Sí, reconoció ella. Pero bueno, ¿entonces de qué te quejas?

    Etc..


    Grazhdanskaya Oborona; zvezdopad

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  • sábado 5 de diciembre de 2009, posted by werte at 4:19 PM
    PLAY Boyus

    xsza. Comprador serio y responsable, agil para concretar la compra. Muy recomendable. Es una gran cosa leer las calificaciones que le dedican a uno en Mercado Libre. Con esta me cagué de risa. Como si ELCAZADORLIBROS supiera o sospechara que antes de tocar el timbre de su casa me pasé un buen rato caminando por Colegiales, tan silencioso esa mañana de sábado, subiendo y bajando los puentes del Ferrocarril Mitre. Como si hubiera estado siguiendo mis pasos, o enredado a mis zapatos. Sobre todo, me fascinan los puentes peatonales que cruzan las vías, esqueleto de rieles, pisos de durmientes y bandas de un duro alambre tejido a los lados (para tranquilizar a los padres, supongo, o para complicar a los suicidas, o solidaridad con los borrachos). Lamentablemente, no suelo andar con cámara, soy una verga de fotógrafo, jamás atrapo lo que creo estar viendo, pero ahorraría las descripciones. Me faltó decir que tienen entre treinta y cuarenta metros de largo, el armazón pintado de un rojo óxido, y que ahí arriba se tiene la sensación de estar a salvo de terremotos o de cualquier hecatombe que pudiera ocurrir, pero quién querría estar a salvo.

    También anduve mirando casas. En esa zona entre las vías del ferrocarril y las avenidas Elcano y Alvarez Thomas Colegiales es o parece un barrio residencial asediado por los bárbaros. Casas de clase media, por lo general de dos pisos, resulta en particular muy notable el inútil esfuerzo de adaptación de los tremendos enrejados de seguridad con los que enfrentan la calle a la estética general de las construcciones. Se puede fácilmente inferir, por ejemplo, qué casas han sido imaginadas desde el principio con esas medidas de seguridad, y a cuáles se le han agregado con posterioridad. La que más me llamó la atención fue una gran casa blanca como la leche, con un frente de dos pisos casi encimado a la vereda, apenas cuatro o cinco metros detrás de la línea, y en principio muy abierta al exterior, con muchos y amplios ventanales y balcones alambrados, todo detrás de una alta empalizada de barras de acero rectangulares que llegaban hasta el techo. En fin. No descubro nada, lo mismo de cualquier zona residencial. Pero vivo entre edificios y era sábado a la mañana, la calle estaba vacía y yo deambulaba al pedo.

    [En fin, ya saben, soy un comprador serio y responsable. A la hora de los bifes me guardo todos los chistes pelotudos o truculentos. La agilidad se la debo a mis profesores de karate. Para terminar digamos que el cazador tiene una colección formidable de libros de guerra. Página.]

    zxsw. Excelente persona, muy recomendable. Hacía rato que buscaba Diario de la Argentina.

    [Para variar, el alter ego de Asís, un picaflor atorrante que esconde cierto costado tierno tras una capa de cinismo, también para variar, se coje otro montón de minas, por lo general acomplejadas o neuróticas, y ellas la pasan bárbaro. Para variar, se diría capaz de fundar un imperio a golpes de pija y encanto. Pero también es un libro sobre los primeros pasos de la formación del Grupo Clarín durante la última dictadura militar. El proceso en el que los actuales gerentes, el Capitán Magneto a la cabeza, desplazan de la dirección a los viejos cuadros del desarrollismo, consiguen de los genocidas el monopolio del papel, etcétera, contado o novelado desde el punto de vista de un empleado de la redacción, un escritor de fama mal visto por el nuevo gobierno, con los bolsillos vacíos y dispuesto a doblar el lomo, al que le tiran magnánimamente un hueso y se lo hacen notar.]

    Lo pesqué en Mercado Libre y el vendedor era un librero que atiende (imagino que todavía está) un pequeño sucucho de usados en Boedo. Lo de excelente persona parece un cumplido gratuito... efectivamente, no saqué el 357 para quitarle el dinero. Pero como cuando salió a buscar cambio me dejó unos cuantos minutos solo en su local supongo que pudo corroborar que no le afané nada. La tentación siempre está. No porque uno sea un ladrón, lo que pasa es que robar es como meterle el dedo en el culo al único dios que conocemos. Aunque se diluye con la confianza. Para colmo estaba claro que no se trataba de un negocio pujante. Como sea, queda dicho que no es para tanto.

    zswa. El asunto de esto es que desavisadamente, nada más comprando y vendiendo, uno puede llegar a descubrir que es recomendable. Soy recomendable. Soy recomendable. Suena raro. Suena a recomendable va al supermercado. O recomendable se acuesta a dormir. Hola, soy recomendable.


    Auktyon; zhopa

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  • domingo 29 de noviembre de 2009, posted by werte at 10:16 PM
    PLAY Beregis!

    cswq. Acá hay una impresionante colección de fotos de personajes, por lo general de la época clásica de Hollywood. Casi todas de gran calidad. Vaya trabajo.

    zxaq. Vi El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella. No es raro que haya reventado las taquillas, actúan Darín, Rago, Francella, y el relato está tomado por el romanticismo cursi de Buenos Aires, es una mamada en regla al ego porteño. A él le debemos unas cuantas escenas horribles, pueriles e inverosímiles. La que se lleva las palmas es la de la despedida en la estación Constitución.

    Benjamín e Irene (la camarada Soledad Villamil) trabajan juntos en el Poder Judicial, en Tribunales, se ven a diario y están notoriamente enamorados. No hay secretos en las miradas que se arrojan, significan amor, amor, amor, y a los downs de las butacas no nos queda sino enterarnos. Irene hace todo para que el otro dé el paso, digamos, decisivo, le abre todas las puertas, pero algo retiene a Benjamín contra todos sus deseos: el guión.

    Hay una historia de crimen en el medio, un asesinato con móvil sexual, que atraviesa los 25 años del relato, que se cuenta con una serie de flashbacks cronológicos punteados desde el presente, desde el recuerdo y la búsqueda de Benjamín. El asesino es un provinciano tonto, violento y machista patológico (no le pongan en duda la virilidad porque es capaz de sacar la pija en el juzgado ¿? hay varias desprolijidades así, cuyo fin es hacer avanzar el relato, en este caso, despejar rápidamente las dudas sobre su culpabilidad en el asesinato, otra vez se hace perceptible la voluntad pechadora del guión), vinculado desde su llegada a la capital con las patotas del Ministerio de Bienestar Social de López Rega. Benjamín investiga el caso. Las patotas tratan de matarlo para impedir la pesquisa. En la secuencia de la Estación Constitución Irene y Benjamín se despiden. Él viaja al norte argentino para evitar que lo encuentren, o buscando la protección de algunos personajes encumbrados. Se miran "significativamente" por enésima vez. Hasta se rozan las mejillas. Pero Campanella lo arrastra al tren de las pestañas para que no se besen. El tren arranca y va subiendo la velocidad. Ella corre por el andén y golpea la ventanilla correspondiente al asiento en que Benjamín se dispone a sentar. El aparato sigue aumentando la marcha así que él empieza a su vez a caminar y correr por los pasillos, hasta que se la queda viendo por el ventanuco redondo de la puerta trasera del último vagón. Me pregunto si hay alguna clase de voluntad simbólica en esta clase de escena, alguna intención poética tras el desmadre, que parece aludir a una fuerza, a un desajuste esencial que los separa a pesar de las recíprocas disponibilidades. Un espanto que resume la historia de amor.

    A los vichadores extranjeros, además, les podemos alertar sobre una serie de elementos, de referencias hundidas que, en conjunto, sugieren una especie de puente hacia un posible discurso segundo y paralelo al relato de superficie, una artísticamente sobona "posición sobre el presente" político, social, cultural, y la mar en coche. Para el caso, ciertos fragmentos de discurso de los personajes que por sus resonancias pueden ser experimentadas como frases-signo por el espectador argentino, que literalmente remiten a debates del presente. La obsesión de esos funcionarios judiciales por lo que en principio sería un caso más de crimen pasional, que no sólo excede largamente las obligaciones de la función, además parece ir en contra de las mismas, de esa implícita economía judicial que tiene que ver también con una administración del olvido, de causas que se cierran para que otras puedan abrirse. Lo inverosímil de semejante dedicación de por sí se constituye en un signo de que hay o se trata de "algo más". El hecho de que el arco temporal de la pesquisa (una pesquisa que ya no tiene que ver con el caso sino con la historia, qué fue de cada cuál, qué pasó, dónde están) recorra más de veinticinco años desde el gobierno de Isabel Perón. Los reproches explícitos entre algunos personajes respecto de esa obsesión con el pasado, y las conminaciones a ocuparse del presente y del futuro, a "vivir la propia vida". Etcétera. Hay una vibración común con el presente kirchnerista, su "setentismo", la agilización de causas contra los represores, etcétera, enfocada desde una perspectiva más o menos opositora, crítica diríamos.

    zasw. Gol de Silva, de nuca. El relator del pueblo dice que es el mejor jugador del campeonato, y por lo poco que he visto estoy de acuerdo. Lo que no entiendo es que le reserve el lugar de mejor jugador del fútbol argentino a la Bruja Verón, esa diferencia entre campeonato y fútbol argentino. En realidad, tengo la impresión de que Marcelo Araujo está francamente ultracaliente, lleno de sueños húmedos con el mediocampista de Estudiantes.

    nbhy. Gran debate en casa, acerca de cómo llamar a esa especie de tinglado de encaje y capelina que la presidenta se puso en la cabeza en la visita al vaticano, y que al lado de la sobriedad chilena resulta doblemente repugnante. Para sombrero no da, parece más el negro sorete de una criatura sublunar.


    Yanka

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  • , posted by werte at 3:45 AM
    por José Antonio Primo de Rivera

    Cuando quiere agitarse contra nosotros el repertorio de los insultos se nos llama señoritos de cabaret. A todos en general y a cada uno en particular, sobre todo si ocupa puesto visible en nuestra jerarquía.

    Quisiéramos contribuir a la eficacia ofensiva de nuestros adversarios poniendo un poco en orden sus ideas acerca de los cabarets y disipando la reverente atracción que, sin querer, denuncian hacia tan discutidas instituciones.

    A nuestra edad, queridos adversarios, a nuestra edad y en las circunstancias enérgicas en que los más de la Falange vivimos, el cabaret no es ningún arcano de tentaciones. Es, por el contrario, lugar donde iríamos si el servicio lo exigiera con el ánimo propicio a la dura prueba del tedio.

    Sólo conocemos tres ejemplares humanos atraídos por el cabaret, el viejo verde, el jovencito que quiere jugar al hombre de aventuras y el candidato a diputado socialista. Salvo el primero, que suele ser incurable, los otros dos son clientes del cabaret por poco tiempo: el jovencito se aparta de él cuando cumple unos años más, y el candidato socialista, en cuanto, elegido, logra costearse con un pellizco a la primera mensualidad de dietas la iniciación en el ámbito misterioso.

    Por eso a nadie que no sea viejo verde, jovencito lánguido o candidato socialista, se le ocurre vituperar a nadie llamándole señorito de cabaret. Para que esta palabra diabólica conserve su prestigio a los ojos del que insulta es menester que éste se halle dotado de una envidiable ingenuidad. Ya se les quitarán a nuestros ofensores las ganas de llamarnos señoritos de cabaret cuando algún día, por azar, entren en alguno y descubran que el mayor de sus atractivos consiste en la sorpresa de averiguar que la señorita de ojos con rimmel a cuya mesa fue a sentarse el aspirante a libertino había devorado, antes de su llegada, dos jugosos bistecs y acaba de pedir la cuenta al camarero.

    (Arriba, número 3, 4 de abril de 1935).

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  • martes 24 de noviembre de 2009, posted by werte at 6:08 PM
    Me pregunto qué hace Hernán Castillo cuando está solo, en el hogar, descansando de su indecente profesión, si resulta que no es un feliz habitante del cuchareo y la porquería. Mis fuentes aseguran que se estimula el caquero con el grifo de la bañera, que esa es la pasión que lo consume. Ojalá.

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  • lunes 23 de noviembre de 2009, posted by werte at 8:36 PM
    Ideas, consignas y concepciones nuevas o expresadas en una forma nueva, más convincente, en la vida estancada de las trincheras. Millones de cerebros analizaban los acontecimientos, hacían el balance de la experiencia política. "Queridos compañeros obreros y soldados —escribe un soldado desde el frente a la redacción del diario—, no dejéis triunfar esa maldita letra k, que ha sumergido a todo el mundo en una guerra sangrienta. Los nombres del primer asesino, Kolka (Nicolás II), de Kerenski, de Kornílov, de Kaledin, de los K. d. (Kadetes), todos empiezan con k. Los cosacos [kazzak, en ruso] son asimismo peligrosos para nosotros..." Sidor Nikolaiev. No se vea... (L. Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, en el Cap. XXXV, pág. 625 de la edición de ryr).

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  • , posted by werte at 7:35 PM
    PLAY Alegria, alegria

    Hace un par de semanas, en Canal 7, después del fútbol, pasaron una entrevista a Lula, una producción para el canal Encuentro que creo es parte de un ciclo de entrevistas documentales con algunos de los presidentes latinoamericanos. El entrevistador es un Daniel Filmus un poco tieso, con algo de esa gestualidad falsa del que está actuando de sí mismo (ya le agarrará la mano), que contrasta bastante con la soltura sentimental del interlocutor, y el libreto está tomado por esta cosa melosa del "estar cerca es muy bueno"; el cuchareo sentimental sistemático; el foco puesto en la historia personal; en lugar del testimonio de, por decir, un Marco Aurelio García, tenemos hermanos, primos y chachas a rabiar. Cuando el entrevistado, hablando de cómo llegó a presidente, cosa que según dice nunca había soñado o imaginado, empieza a aludir a una especie de fuerza cósmica o destinal la frase que cruza mi cabeza es "el poderoso sindicato metalúrgico...", pero pronto queda claro que se refiere al Señor de las Nubes. Eu creo.

    Hace un rato la volví a ver por youtube (está en cinco partes) pero me parece que le faltan fragmentos. Además de unas formidables postales futuristas de la ciudad de San Pablo que echo en falta el otro día creí escuchar, entre un oleaje de frituras de sonido (problemas con la señal), unas reflexiones del Presidente Brasilero sobre el imperialismo. En fin, mencionaba no sé qué de las elites, que cuando las elites son "nacionales" el imperialismo no sé qué, no importa, el asunto es que ese fragmento también falta.

    Ahora me puse a rebuscar algunos diseños pop-tercermundistas de tapas de libros, de los típicos en los 70/80s. En general, aparecen o aparecían en ediciones de pequeños sellos de la "izquierda nacional". No sé si son horribles o tienen su encanto, sospecho que las dos cosas. Foto con un par de ejemplares. En La Desconexión (Samir Amin, Ediciones del Pensamiento Nacional) nos procuramos la liberación con una tijera de costurería. Creo que es de mis preferidas. En este caso, además, el diseño, más allá de las sintonías políticas, tiene que ver directamente con el texto; la imagen reúne en torno de dos o tres signos centrales la idea que podría resumir el trabajo a modo de programa general. La desconexión de los centros de decisión económica. El libro está dedicado a precisar y despejar los malentendidos —las estupideces— adheridos a esa vieja propuesta del economista egipcio, la cuestión no alude al made in mercantil sino a la circulación del capital. Por ejemplo, no se refiere a un programa de "economía nacional cerrada", no se lo debe confundir con el modelo de sustitución de importaciones, etcétera. En este sentido, el billete de dolar, más que un doble de las elucubraciones del Tío Sam, puede ser una referencia al capital en general. Retroactivamente, además, se han hecho más interesantes sus interpretaciones del islamismo radical, al que ve como una especie de democratismo reaccionario (la fórmula es mía, pero creo que no le es infiel).

    El diseño de tapa de La sociedad norteamericana (Marx y Engels, Editorial Abraxas), en cambio, es bastante más inane. Mandemos al frente al perpetrador: Sergio Camporale, un tal. Aguilucho, escudito. No se me ocurre a qué pueden venir esas nueve puntas de flecha que salen de la pata izquierda del pajarraco. El libro compila los artículos que sobre la guerra civil norteamericana escribieron Marx y Engels en algunos diarios, principalmente New York Daily Tribune y Die Presse. El país, para los autores, tenía el atractivo de un capitalismo que se desarrollaba sin la mediación o los lastres de un pasado precapitalista, y ven la guerra como un salto hacia adelante de la revolución de 1776, representado por el norte industrial, del que son partidarios. El futuro político y social se jugaba en la constituciones (esclavistas o no) del oeste. Se definían también las relaciones con el capitalismo inglés, de ahí la mucha atención que le prestan a los ecos de la guerra en los diarios de Londres, los malabarismos penosos de la prensa del establishment (The Economist, The Times) para estar con el sur mientras se supone que son anti-esclavistas (delicias de la dialéctica burguesa). Etcétera.

    (Dedico este post al Babuino Verga, pero si alguien conoce un mamífero más apropiado, más lactoso, se lo concedo con gusto).


    Caetano Veloso; Tropicália

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