vcde. One Point O. Veo que en algunos sites no ha tenido muy buena acogida, y si bien no es ni tiene por qué ser el descubrimiento de américa me pareció dignísima. Un par de comentaristas hacen referencia a un edificio muy peculiar, como si "lo que pasa" pasara sólo en ese edificio, el viejo motivo de la casa maldita, embrujada, tomada por las fuerzas del más allá, conectada con el infierno por sótanos y galerías. Si bien esa adherencia es un poco inevitable —sólo si se han visto o leído unas cuantas historias de ese tipo— en One Point O se supone que algo similar ocurre en todos lados, que se trata de un orden social, sea lo que fuere semejante cosa. Al lado de esto y en cierto modo para apuntalarlo se señala el carácter más o menos freak de sus habitantes, cada uno a su manera. Se entra a cada departamento y a la vida de sus habitantes como a un universo casi cerrado, patológico y extraño a toda perspectiva exterior, como si cada uno fuese el resultado de un desarrollo casi solipsista, cosa que más que "hablar" del edificio, de alguna especie de naturaleza singular del mismo, apunta de modo negativo hacia una totalidad más vasta, hacia una forma que en cierta o buena medida conectaría las vidas privadas por abajo de la psicología y los afectos propiamente sociales.
zawe. También conocida como Paranoia 1.0, que es como decir Colitas Calientes, paranoia y computadoras. Los cambios de títulos suelen ser interesantes, o por lo menos graciosos, el marketing del cine de género suele tener un espíritu pornográfico. En el caso de One Point O es un viaje singular. De capitales y espíritu europeo y pensada para el mercado norteamericano (idioma, actores, algunos escenarios típicos como el minimercado de góndolas, etcétera) probablemente no haya circulado en ningún lado con su título original en "la caja", Paranoia 1.0 es el nombre con que se vendió en Estados Unidos, sin más pesquisas se diría que en algún punto de la cadena contractual previa a la exhibición el título fue abandonado a sus tres o cuatro segundos en pantalla. En un próximo futuro Simon, que es un programador que trabaja en red, desde su casa en el edificio de marras, para una corporación informática, de pronto empieza a recibir unos misteriosos paquetes, envueltos y vacíos, al tiempo que desarrolla una dependencia opiácea (físicamente violenta) con una marca de leche. De no ser por sus continuos viajes al mercadito la historia transcurriría casi (casi) íntegramente en el interior del imponente edificio. Es que la trama nos encierra en el punto de vista de Simon, hay una especie de coherencia, de sistema, entre ese interior autosuficiente, casi un mundo, y un exterior inasible, incomprensible, abstracto y a la postre enloquecedor. Que hay un "mundo exterior" que se mezcla oscuramente con el mío es lo primero que representan esas cajas. Ni las cámaras de vigilancia, las cerraduras y alarmas de última generación pueden evitar que Simon se las encuentre casi cada vez que entra a su departamento. ¿Cómo puede ser? Sus conocidos, vecinos, el muchacho del delivery (su mejor amigo), todos han desarrollado algún tipo de dependencia similar hacia algún producto, o eso dicen al menos, y cada uno tiene su teoría, pero cómo saber si son ciertas, es más, cómo saber si ellos mismos son confiables, que no son parte de la oscura confabulación de circunstancias que han hecho derrapar su vida. ¿Qué sabe él de Nile al fin de cuentas? Sólo que es capaz de traerle a la puerta cualquier cosa que necesite, desde pizzas hasta un sistema de alarmas, bien visto, nada más que es una cosa que se desplaza por el espacio. ¿Hay alguna relación entre su dependencia y las cajas? Sus propios jefes, ¿no tendrán algo que ver? ¿Una guerra sorda e invisible entre Corporaciones, que acaso se esté librando en la carne de los consumidores? ¿Ha sido tomado como objeto, como cobaya en algún experimento estatal o corporativo? La línea de sospechas se cierra, se va cerrando en espiral sobre la propia carne. La trama del relato es la imposibilidad de Simon de componer, de entender "la trama" de su propia vida, algún tipo de mapeo cognitivo aunque sea estúpido pero creíble, esto es, avalado por la autoridad de un sistema de relaciones sustanciales más vasto que sí mismo.
zxse. Descontando las literarias, la ciencia ficción "paranoica", referencias recientes de One Point O son eXistenZ y Matrix. De la primera repite la idea de la tendencia a la carne de la tecnología posmoderna, no ya como "una parte de la vida" sino como "parte de la vida misma" (la película de Cronenberg es una especie de capítulo ciberpunk para la Fenomenología del Espíritu, en ella se escenifica el viaje de una conciencia que ya no puede componer un punto de vista superior a su propia existencia, una conciencia que arrojada en la fuerza ciega de sus propios productos, de los que se ha vuelto indistinguible, ya no puede retomar el hilo de sí misma) y de la segunda algunas ideas visuales, cierta estilización (
muestra) y nada más, gracias a dios, no se trata de una urbe de karatekas, no hay mesías ni polución filosofante de ningún tipo. Simon se pierde en un universo de signos que se vacían y nosotros con él, sin ninguna clase de "explicación" externa que nos consuele.
azxs. Un atractivo casual que puede tener One Point O para los porteños se da en ciertos puntos de coincidencia, en una zona de frotación de la película con nuestra nueva metafísica íntima y ciudadana, desde la que no dejaremos de percibir con cierto relieve inapropiado la categoría de "vecindad", tal vez también el fondo de terror del que se alimenta esa estéril tierra prometida, incluso "nosotros", a quienes en la vida real el portentoso vocablo sólo provoca a sacar la pija por el balcón para mear transeúntes. (Hablando de vecinos, la enfermera que vive unos pisos más abajo o más arriba del departamento de Simon, Trish, es encarnada por Deborah Unger, quien por esa serie de azares o desajustes que es la vida real desconoce el hecho de que me ama, de que estamos hechos el uno para el otro, y de que en un mundo mucho más perfecto que este ahora mismo nos estamos echando un polvo de puta madre, que dentro de un rato tomaremos café en la cama, comeremos sanguchitos, veremos películas, y nos dormiremos para siempre enroscados como arañas).
zklp. Aunque de realización muy cuidada, se le pueden detectar un par de bloopers. Va uno para concluir, escena en la casa del vecino sexópata, desarrollador obseso de juegos de realidad virtual tal vez más reales que virtuales, el típico y molesto microfonito bailarín arriba de las cabezas.
Captura.
swer. ¿Qué te pasa Clarín? ¿Estás contento?
The VSS; Nervous CircuitsImagenEl edificio en encuadre ominoso, una captura.Etiquetas: Elecciones 2020, Imagine, Ovejas eléctricas, TV Fuhrer